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Ptr. Javier Dávila / Blog



Jun/01.2019

Jun/01.2019


La vestidura de fiesta
Por el Pastor Javier Dávila R.

Isaías 61:10 [RV60]

En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.

Isaías 61:10 [RV60]

Una de las mejores ocasiones para disfrutar en la vida, es una fiesta o reunión de familiares y amigos. Dios nos regala ese tiempo de alegría y gozo. No hay momento más íntimo en familia para platicar y contarnos el cómo nos va, que una buena cena o una mesa llena de bocadillos. Las bodas son un gran ejemplo de este júbilo. El novio, elegantemente vestido, recibe a la novia y se muestra contento porque ha cumplido su promesa de amor. Pero la novia es el centro de atención, su vestido ataviado con joyas la hace ser especial, no solo porque es blanco; sino porque representa la belleza y la pulcritud.

El profeta Isaías nos ilustra el amor tan sublime de Dios, diciéndonos cómo nos viste y cómo nos ama, al ataviarnos de regalos como la gracia y la justicia.

¿Cómo es una boda? Hay gran voz de júbilo y de salvación entre los justos del Señor dice el Salmo 118:15 y así es precisamente el momento que pasamos con el Señor al venir a su casa. Dios nos viste con la mejor ropa que nos pudo haber comprado en la cruz del calvario: nuestra salvación.

He predicado de como debemos ir vestidos a la casa de Dios, como debemos presentarnos; y esto me recuerda la parábola del que hizo una fiesta.

El Rey le prepara una fiesta de bodas a su hijo unigénito Jesucristo. Para la boda se preparan invitaciones,  y el Rey envía a sus sirvientes a llevar las invitaciones a los invitados. Pero aquéllos invitados a la boda despreciaron la invitación, algunos por atender situaciones diarias, otros incluso mataron a los siervos del Rey enviados para invitarlos.

Es posible apreciar en esta ilustración (así como en la parábola de la viña rentada a los labradores malvados –Lucas 20:9-18) la invitación en primera instancia al pueblo de Israel que en general no apreció ni respondió la invitación, no reconociendo a Jesús como el Mesías. Sin embargo el rey, enfatiza que la boda está preparada y envía a los siervos restantes a invitar a la población en general, a los malos y buenos, es decir; ya no solo al pueblo de Israel sino a los gentiles. La boda se llena de invitados. Los siervos enviados representan a los profetas, que el mismo pueblo de Israel mató.

Pero el Rey encuentra a un hombre que no estaba vestido para la boda, el Rey le pregunta: ¿Qué haces aquí sin estar vestido correctamente para esta fiesta? El hombre no tiene palabras para responder, admitiendo su culpa silenciosamente, por lo cual, es echado fuera de la boda a un lugar de sufrimiento, al lago de fuego. Dios es quien proporciona el vestido de salvación para las bodas del Cordero. Dios es quien proporciona el boleto de entrada, la invitación para poder entrar a las bodas y al reino de los cielos, ese boleto de entrada que es el precio por el cual Jesús pagó con su muerte en la cruz, ocupando el lugar de nosotros los pecadores; nos redime y nos permite ser justificados y además nos viste de lino fino y sin mancha.

No existe predestinación para el cielo ó el infierno, muchos son invitados, pero algunos en lugar de aceptar la invitación le dan prioridad a cosas mundanas y temporales.

Otros, como el hombre que quería estar en la fiesta de bodas, pero sin usar el vestido de bodas; no pueden acceder a la fiesta, es sólo por medio del vestido de salvación en Jesucristo que aceptando la invitación, se puede entrar a la gran fiesta de bodas.

Solamente Jesús es el camino para llegar a esa fiesta de bodas.

Entendiendo esto, ¡¡¡no sólo es bueno ir bien vestido al palacio del Rey todos los días que asistimos a su palacio (Templo); sino que es mucho mejor ir con un corazón sincero que le alabe, que le adore y de gracias por el privilegio de ser invitados a esa fiesta!!!

Buen día. Bendiciones.

Por el Pastor Javier Dávila R.

Columna

Nov/04.2018


Es tu fe la que mueve su mano poderosa

Por Javier Dávila R.


Romanos 4:20-24

(...está hablando de Habram)

20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia. 23 Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, 24 sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro.

 

¿Alguien te ha prometido algo y no lo ha cumplido? Seguro que te ha pasado... Quizá sus labios te aseguren las cosas de tal manera que estas 100% convencido de que así será.

Puede ser de amor, de esperanza, de ayuda, de dinero, de apoyo, de cariño solamente; o de cualquier cosa que hizo que tu fe se depositara en esa persona.

La gente siempre te fallará, el único que no te falla es Jesucristo.

 

Habram hizo un pacto con Dios. Dios cumplió al pie de la letra lo que había dicho, lo que Él prometió. Habram lo creyó y dice su palabra que le fue contada por justicia.

A veces los padres tenemos que dar órdenes a nuestros hijos para protegerlos o enseñarles responsabilidad. Un padre le dice a su hijo en edad escolar: "Si haces tus tareas durante la semana, podrás tener tiempo libre el sábado". En esencia el padre o la madre se están poniendo de acuerdo con el niño para que elija tener las consecuencias positivas o negativas de su decisión. La elección le corresponde al niño, y el propósito de dicha elección es enseñarle que la obediencia trae placer. Los padres han establecido los términos del acuerdo; pero los resultados están basados en la respuesta del niño.

 

El pacto de Dios con los israelitas funcionaba igual y dependía que cumplieran ciertas condiciones. Dios declaraba tanto las consecuencias positivas de la obediencia, así como las negativas. Estos pactos siguen siendo relevantes para nosotros.

 

26 Escucha bien: ¡hoy te doy a elegir entre una bendición y una maldición! 27 Recibirás bendición si obedeces los mandatos del Señor tu Dios que te entrego hoy; 28 pero recibirás maldición si rechazas los mandatos del Señor tu Dios y te apartas de él y rindes culto a dioses que no conocías.

Deuteronomio 11:26-28 (NTV)

 

Hablando de fe, podría preguntarte en un sentido coloquial: ¿cómo andas? A nosotros también nos es contada por justicia, el sacrificio de Jesús en la cruz abarca todo y por su sangre nos hace "justos". Imagínese que condecoración a través de su sangre preciosa.

 

Dice un coro: "Fe mueve la mano de Dios, Fe en su palabra viva; todo es posible si puedes creer". Dios no es un Dios de emociones. No porque te vea llorando en un rincón su mano se moverá. No porque hagas sacrificios y repartas tus bienes y ayunes 20 días; o porque te flageles y te vayas de rodillas a una iglesia o altar. ¡Eso no mueve la mano de Dios! ¡Lo que mueve la mano de Dios es tu fe! ¡Lo que tú crees que Dios puede hacer! ¡Y creas quien es Él! ¡Y que le creas a Él!

 

Dios es todo Poderoso e infinitamente Sabio. La historia bíblica ha mostrado la capacidad de Dios para cumplir sus promesas a través de tú fe. Podemos confiar en que Él hará lo que dijo que haría.

 

Dios es invisible para la humanidad, pero la fe que deposita en cada uno de nuestros corazones, nos dan la seguridad de que Él es real. La Biblia nos enseña que tu y yo somos salvos por fe en Él y que Dios mismo nos la da como un regalo. Debes decidir que hacer con tu regalo de fe, si no te pones firme y decides creer, estarás empujando siempre de un lado a otro; creyendo a veces, dudando otras... "Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; es indeciso e inconstante en todo lo que hace".

Santiago 1:7-8 (NVI)

 

Dios te dará muchas oportunidades para ejercitar tu fe. cada vez que dependas de tu fe para soportar una prueba Dios lo recompensará. Tú fe seguirá creciendo hasta ser lo suficientemente fuerte para vencer cualquier problema.

 

"En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan".

Hebreos 11:6 (NVI).

 

¡Dios te bendiga grandemente en fe!

 

Pastor Javier Dávila R.


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